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MANIFIESTA

Qué es un paro?

Cómo se puede apreciar este escrito tiene varios meses, pero de alguna forma mantiene cierta pertinencia.

federico mercado

22 de Agosto de 2008

Quienes vivimos de trabajar sabemos que el derecho a huelga es un derecho inalienable, logrado con el coraje y, demasiadas veces, la sangre de innumerables trabajadores. Lo que no quita que nos propongamos pensar cómo funcionan estas medidas en nuestra coyuntura, con sus particularidades. Y esta proposición es una línea, demasiado, delgada.

Qué es un paro?

Un paro es una medida de fuerza en reclamo de tal o cual mejora en las condiciones laborales de quienes lo realizan. Hasta aquí no habría mayores inconvenientes en dar respuesta. Pero todo se complica si sumamos algunas cuestiones.

-         Obviedades

·          En general no hay paro de actividades (o huelga, según se prefiera) que no sea la forma extrema, final, de un reclamo particular por mejoras en las condiciones laborales[1].

·          El beneficio del empleador suele generar –cuando no es condición- el perjuicio del que trabaja. Existe una relación -que en muchos casos es directamente proporcional- entre el beneficio del empleador y el perjuicio del que trabaja (y hasta que no cambiemos esta sociedad, va a ser así)

Por ejemplo, un grupo importante de personas que trabajan en distintas tareas u oficios llegan a la conclusión que trabajar 12, 14 y hasta 16 horas es un perjuicio extraordinario. Por lo tanto reclaman a sus empleadores (que no trabajan ni 2, ni 4, ni 6 horas... ¡faltaba mas!)- una reducción de jornada, por ejemplo, de 8 horas. Claro que el beneficio económico que generan 12, 14 o 16 horas de trabajo no es el mismo que el que generarían sólo 8 horas, con lo cual los empresarios-patrones, en tanto no tienen intención de auto perjudicarse, hacen caso omiso de los reclamos iniciales. Esa omisión, entonces, se transforma en una demostración de poder, en un acto de fuerza. Aquí es donde cobra sentido el paro de actividades en tanto medida de fuerza. Es decir si los que trabajan se juntan –todos- y descubren que tienen una fuerza mayor –juntos- que el poder del empresario-patrón, lo que hacen es demostrárselo a través de la medida de fuerza.

  • Es posible, entonces, pensar un conflicto laboral como una confrontación de fuerzas en pos de beneficios o perjuicios.

·          Si la organización de quienes trabajan es eficaz, la fuerza es mayor (a pesar de estrategias variopintas esgrimidas por los empresarios-patrones).

Por lo tanto el conflicto se resuelve a favor del beneficio de los que trabajan y, siguiendo el ejemplo de las horas de trabajo, se consiguen las 8 horas, ya que el perjuicio de que no se trabaje ni una hora es muchísimo mayor.

·          Y entonces el reclamo de un beneficio en las condiciones de trabajo se convierte en un derecho.

Y esto es algo que conviene no pasar por alto, omitir u olvidar:

  • los derechos no surgen de la nada, no existen en sí mismos, ni, mucho menos, son propuestos por los empresarios-patrones (salvo que indirectamente los beneficie, y aún en estos casos el derecho estará muy limitado). Los derechos son el escalón final de una escalada de situaciones; condiciones laborales no favorables, reclamo por mejoras, omisión de los responsables de esas mejoras y la acción de quienes se ven perjudicados en su tarea laboral. Pero sólo la acción conjunta de quienes trabajan es la condición de posibilidad de la aparición de derechos.
  • Y algo no tan obvio: las acciones posibles de quienes trabajan no se limitan al paro de actividades. Existen otras formas de acción que han entrado en desuso -no necesariamente por su efectividad-, por ejemplo el boicot y el sabotaje (e incluso cabría preguntarnos por qué han dejado de usarse[2]).

-         Contextuando

Cuál es el sentido de la enumeración de estas obviedades? Cuestionar(nos) algunas prácticas de forma tal que nos permita descubrir en qué medida aportan o no al mejoramiento de nuestras condiciones laborales.

La actividad en escuelas públicas tiene coincidencias y algunas diferencias considerables, en comparación a cómo se establecen los conflictos laborales en otros ámbitos de trabajo, además de situaciones específicas.

Hay una coincidencia principal: las condiciones laborales en las escuelas públicas no son óptimas –y en ocasiones están muy lejos de serlo-: bajos salarios, grupos a cargo excesivamente numerosos, condiciones edilicias deficientes, emergencia docente, desprestigio, etc.

A la vez hay unas diferencias significativas: el empleador de los docentes no es un empresario que busca un beneficio económico (¿en serio?... habría que ver) sino que es un Estado o gestión de gobierno de una democracia representativa, que establece la educación como un derecho igualitario para todo habitante de su territorio (mmm... ¿en serio?), de allí que exista la educación pública y gratuita (mmm...). Otra diferencia sería que no existe beneficio económico del empleador ya que la gestión de gobierno no es la gestión de una empresa (mmm... habría que ver), ni persigue un fin económico (¡!... habría que avisarles a algunos funcionarios...).

Por último una de las características específica se relaciona con que existe un actor más en juego en el ámbito docente: las chicas y chicos que concurren a las escuelas. Y aquí no sólo se complica la cuestión, sino que se vuelve terreno pantanoso porque cuándo los docentes reclaman y paran ¿a quién perjudican? ¿a su empleador?

-         Evidencias

Por un lado los medios de (in)comunicación -que suelen titular sus reportes con frases tipo “otro día más sin clases”-, se regodean en señalar el perjuicio que les genera a chicas y chicos la pérdida de días de clase[3]. Reforzando un imaginario colectivo donde los docentes paran porque sí, y no que lo hacen, por ejemplo, en defensa del derecho a aprender y a enseñar dignamente. Este tipo de comentarios evidencia un receptor: las familias. Lo grave consiste en que lo hacen basándose en un paradigma donde la enseñanza es un objeto más de consumo, los docentes prestadores y las familias consumidores, con derechos, claro, de oferta y demanda. Por lo tanto el paro de actividades es presentado como malo.

(Y en este marco, una madre o padre que se queja de una medida de fuerza ¿está en su derecho? Y unos que cuestionen ¿están en su derecho? ¿es lo mismo quejarse que cuestionar?)

Por otro lado nos hemos acostumbrado a que nos avisen de los paros. Esto evidencia que la participación de maestras y maestros sólo pasa por una decisión individual; parar o no parar. No importa si paramos por convicción, por egoísmo, por defender nuestros derechos, por cansancio, por reclamos legítimos, por desidia, por defender el derecho a aprender dignamente de chicas y chicos. Lo importante es parar -con la curiosa novedad de una “unión sindical”- porque es una herramienta de reclamo y por lo tanto el paro es bueno.

Pero una medida de fuerza no es buena o mala. Sólo se diferencia por los intereses u objetivos que las movilizan (¿cuál es la diferencia entre intereses y objetivos?). Y los intereses de quienes deciden y nos avisan ¿son los mismos de quienes trabajamos en las escuelas? Si los objetivos de quienes deciden e informan y de los que trabajamos, en apariencia, son los mismos y a la vez esos objetivos nunca se alcanzan (82% móvil, salarios dignos, estabilidad laboral) ¿qué falta? ¿medidas de fuerza o fuerza en las medidas? ¿y la fuerza en qué consistirá? ¿en organización? ¿en participación? ¿cómo?.

(Y en este marco, una madre o padre que se queja o cuestiona una medida de fuerza ¿qué objetivo persigue? ¿qué quiere de la escuela? ¿qué enseñe a sus hijos? ¿que se los guarde algunas horas?)

-         Más preguntas

Una medida de fuerza es una acción. Toda acción implica un objetivo. Toda acción necesita un sujeto que la accione. Y si el sujeto es colectivo requiere organización. Pero la organización sólo será fuerte para accionar si contempla la participación de todos los integrantes de ese sujeto colectivo. Y si todos participan, piensan, opinan, proponen ¿qué medidas surgirán? ¿serán las mismas que conocemos, serán otras? ¿por qué no hay participación de todos los docentes? ¿porque no hay espacios? ¿porque no hay compromiso? ¿las dos cosas? ¿a qué le temen los que no generan espacios de participación? ¿a qué le temen los que no participan?

¿qué objetivos pretenden todos los actores en relación con la escuela pública: funcionarios, gremios, familias, docentes?

¿será que todos pretenden cosas distintas?

El paro es una medida de fuerza en defensa de nuestros derechos.

Pero la fuerza sólo la tendremos cuando la medida surja del consenso y la decisión de todos y cada uno de los docentes, cuando contemos con el apoyo de la comunidad[4], cuando los mezquinos intereses individuales o sectarios sean superados por uno, dos, o la cantidad que sea, de objetivos colectivos.

Sí, ya sé, “todos los docentes” es demasiado, tanto como plantear objetivos colectivos comunes.

Pero ¿qué sentido tiene apostar a menos?

federico mercado –maestro curricular de música-



[1] Aunque también existen paros en repudio a acciones represivas sobre los trabajadores.

[2] Aunque a mediados de 2007 el alza indiscriminada del precio del tomate generó la propuesta de asociaciones de consumidores del boicot a la compra del mismo. Este boicot fue efectivo ya que luego el precio del tomate bajó considerablemente, demostrando dos cosas: que el precio no era real, sino una sobrevaloración, y que el boicot es una medida aún efectiva.

[3] Este es el principal argumento esgrimido oficialmente por las nuevas gestiones. La solución que han propuesto fue “garantizar los 180 días de clases” sin importar que en las escuelas no haya docentes por la emergencia declarada, o haya aulas superpobladas, sin calefacción en invierno, o ventilación en verano, o problemáticas gravísimas de niños y niñas que excede a maestras y maestros.

[4] Como en el Maestrazo del ’88: “Durante toda la huelga hubo una permanente preocupación por llegar a las familias, mediante cartas que se volanteaban en las puertas de escuelas, asambleas y la invitación a las marchas. El reclamo por más presupuesto unificaba el salario con la demanda de la población por mejor educación.  Por eso, la huelga, lejos de ser una demanda corporativa, unificaba reclamos con la población”. (Documento “Las lecciones del “Maestrazo”” realizado y difundido por el colectivo Lista de Maestros)

 

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