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MANIFIESTA

Hay que hacer todo

Hay que hacer todo. Es vital. No se puede de otro modo.

Hay que volver a preguntarnos cómo hacemos, aunque a nadie le importa un carajo. Hay que perseguir para abrazarlo, al pibe al que todos retan. Hay que levantarse el día de la Memoria y jugar con tu hijito para verle la sonrisa. Hay que insistir en que algo es urgente. Hay que entender, tratar por lo menos. Hay que marchar para revelar lo injusto. Hay que laburar incansablemente para abrir espacios. Hay que cansarse para volver a empezar. Hay que resistir. Hay que llevar en brazos a tu bebé y que todxs lo vean y ver cómo él le sonríe a cada unx. Hay que abrazarse. Hay que avanzar. Hay que mirar a las ojos a cada niñx y jurarles no rendirnos. Hay que abrazar a tu hijita y quedarte en ese abrazo y decirle que vas a extrañarla y volverla a abrazar cuando vuelva. Hay que pelearse con lxs compañerxs que están mirando para otro lado. Hay que ir a buscar a cada pibe a su casa para el ensayo. Hay que hacer chistes malísimos de los que nadie se rie. Hay que armar una murga, dos, tres, las que sean. Hay que cantar. Hay que bailar. Hay que acostarse pensando todo lo que falta y dormirse pensando cómo vamos a hacer. Hay que decir y decir y decir que no siempre todo fue así, que no necesariamente tiene que ser así. Hay que ir a la reunión aunque sea lejos, aunque sea tarde. Hay que insistir en la asamblea para que todos pensemos y que no nos tape el discurso burócrata que siempre nos jodió. Hay que juntarse con lxs compañerxs y pensar cómo hacemos para que nuestra tarea sea siempre nuestro mejor esfuerzo para lxs pibxs. Hay construir lo justo en cada minutito. Hay que darle la mano a tu compañera y caminar. Hay que abrazarla. Hay que preguntarle a tus hijxs cómo les fue en la escuela, todos los días, aunque ya no quieran contestarte. Hay que hacerles la leche, el mate cocido y comprarles los biscochitos que les gustan. Hay que pedirles que laven los platos. Hay que hacer trampa para que siempre laven los varones. Hay que enfrentar al compañero que nos caga. Hay que decir que el capitalismo mata. Hay que volver a intentar reconstruir lo que se rompió. Hay que soñar. Hay que sentarse a hablar con nuestrxs chicxs. Hay que escucharlxs. Hay que sonreir. Hay que decir buen día. Hay que subirse a la bicicleta otra vez y volver al barrio. Hay que enfrentar toda violencia, combatirlas. Hay que pararse a charlar con los que ya se fueron de la escuela. Hay que llorar. Hay que dolerse de todo lo injusto. Hay que hacer la comida. Hay que amar. Hay que tocar la guitarra. Hay que aguantar la tristeza. Hay que ir a visitar a uno de nuestros pibes internados. Hay que hablar con la mamá. Hay que hacer de la solidaridad un hábito férreo. Hay que pararse en medio de la batea de tambores y sentir el sol ardiente. Hay que recordar a lxs que no están. Hay que caminar por, con, ellxs. Hay que nombarlxs, desde Azucena a Julio, pasando por Luciano. Hay que darle duro al tambor por cada unx.

 

Y después de todo eso, mientras vayas caminando y tocando, rodeado de tambores y compañerxs, vas a ver volar entre las decenas de tocadores una mariposa, y después otra, y otra.

Y por algún extrañísimo misterio, vas a conmoverte hasta las lágrimas, por ese vuelo, como si vinieran a decirnos algo, que no se entiende con palabras, pero sí con el ser, completito, cuerpo y corazón.

Hay que tomar aire, y sentir, que renovamos fuerza y razones para seguir.

Porque hay que hacer todo.

 

Federico mercado

24 de marzo de 2016, a 40 años del último golpe de Estado genocida en la Argentina.

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Violencia

Idiota: (etimología) La palabra idiota proviene del griego ιδιωτης (idiotes) para referirse a aquel que no se ocupaba de los asuntos públicos, sino sólo de sus intereses particulares.

La muerte, cuando además huele a injusta, es un develador implacable.La muerte cuando cae sobre un niño, vuelve a develar lo desvalido que están en esta sociedad idiota que gusta de mirar para otro lado la mayoría de las veces.

Siniestramente, la muerte vuelve a caer sobre un niño para develar otra clara trama, con responsables claros, que dejan aún más desvalidos a chicas y chicos en esta sociedad idiota, en esta ciudad idiotizada.

Pero los funcionarios responsables anticiparon la jugada y vuelven sus dedos acusadores sobre otros y, en el colmo de su cobarde actitud, no sería difícil imaginarlos acusando al propio niño de haber muerto bajo los golpes del violento.

Como en un espejo macabro vimos, otra vez, la parte de atrás del afiche publicitario donde todos sonríen y saludan a los vecinos. En ese atrás los funcionarios se muestran soberbios, agresivos, pedantes, sin el mínimo respeto por la vida truncada a tan poquito de nacida.

La fotito de sonrisas actuadas y los globos de colores tienen su contraparte de desidia, negociado y muerte.

Pero la muerte devela, muestra, impacablemente, la realidad.

 

El funcionario sonriente se saca una foto con la escuela pintada y atrás se caen techos, no hay vidrios, ni gas, ni ventiladores funcionando. Y la ciudad idiota mira para otro lado.

El funcionario sonriente se saca una foto y dice que la escuela pública ha mejorado porque regalo unas computadoras. Pero entonces la muerte viene a decirle que chicas y chicos necesitan, más que una computadora (que pocas veces funciona como debería) necesitan un recorrido de organismos que permitan contenerlos y cuidarlos ante cualquier violencia que pueda acecharlos.

Y entonces se devela que esos organismos han sido vaciados, que no hay profesionales suficientes, que es difícil llegar a algunos casos y a veces se tarda demasiado.

 

La muerte de Agustín, como nunca antes para la ciudad idiotizada, los pone en evidencia.

La Muerte los señala y les dice: deben ser destituidos, dejen sus cargos si tienen un gramo de dignidad, si valoran más la vida que sus egos, negociados, o lo que fuere que están poniendo delante de los derechos de los demás.

Acusados, señalados, por el dedo de la Muerte, en la actitud mas cobarde que podría haberse imaginado, gritan “Nosotros no, ellas” y quitan de sus cargos a las docentes, usando artilugios incapaces de sostener.

Parecería que el miedo los vuelve más soberbios, más pedantes, y sostienen la acusación y la sanción sin hacer caso al pedido de familias, de docentes, sin hacer caso a las necesidades de aquellas chicas y chicos que fueron compañeras y compañeros del niño que no volverá al Jardín. 

Y entonces, cuál es el límite?

Los que transitamos esos edificios en los cuales se notan el vaciamiento, la desidia y las mentiras del Gobierno de la Ciudad, los que intentamos enseñar con un mínimo de respeto por el derecho de chicas y chicos a aprender, venimos diciendo lo que esta “gestión” viene haciendo con la escuela pública, venimos denunciando lo que implican vaciamientos, tercerizaciones, privatizaciones, negociados.

Pero nuestra voz ha sido ninguneada.

La ciudad idiota ha preferido creer que lxs maestrxs son todos vagos, que paran porque sí, que trabajan 4 horas y otra catarata de idioteces.

Y ahora? Tristemente, muy tristemente, la muerte viene a decirnos, a decirles, que no era así, que lo que decíamos tenía tanta verdad.

Nunca entendieron que si hay por allí algún docente que abusa de licencias hay otros 99 que no faltan nunca, que si hay algún docente que se rasca hay otros 99 que trabajan denodadamente por generar espacios de aprendizaje, no sólo de contenidos básicos, sino también de derechos y libertades.

Nunca entendieron que el vínculo que se crea entre chicas, chicos y docentes se nutre de confianza, respeto y esperanza.

Por eso nunca entendieron que defendiéramos tanto ese pequeño espacio que es la escuela, tan golpeado y maltratado por los funcionarios de sonrisas actuadas y bonitos colores.

Pero nuestra voz se acalló, se negó, se tapó con carteles y globitos.

Realmente hubiéramos querido que nuestra palabra sirviera para explicar la situación grave de la escuela pública, hubiéramos querido que alcanzara la denuncia para develar el estado en que el Estado la ha puesto luego de dos “gestiones” de gobierno. Y no que la muerte de un niño viniera a mostrar lo evidente.

Ahora que ya es tarde nos resta la solidaridad.

Por Agustín.

Por Rodrigo y Rolando.

Por el derecho a la vida que les robaron.

Por todxs lxs chicxs que pueblan las escuelas y jardines a quienes la lógica de Estado, privatista y marketinero, cada día les va cercenando derechos y dignidades.

Por estas compañeras y por cada unx que sufre este y otros tipos de persecución.

El miércoles paramos y nos encontramos en la puerta de la escuela, del jardín.

Si nuestro límite no es la muerte, si nuestro límite no es la solidaridad y el acompañamiento real y efectivo ante lo absurdamente injusto, estamos perdidos.

de terrorismos de Estado, negocios y cómplices

 

Como aquel famoso poema de Bertolt Brecht los habitantes de la ciudad de Buenos Aires que eligieron, y re eligieron, esta gestión, miran para otro lado porque no les importan los demás.

Claro, ellos no son locos, artistas, vendedores, docentes, simplemente jóvenes, médicos, periodistas o trabajadores, simplemente.

O, tal vez sí lo sean, y entonces el habitante de la Ciudad de Buenos Aires, que votó esta gestión, no se define por lo que hace, sino por lo que no hace y por lo que le deja hacer a la gestión que votó.

Se define por mirar para otro lado mientras su gestión endeuda a la ciudad en millones, que seguiremos pagando cuando no estén; aumenta los impuestos sin que nada mejore y se corte la luz por días o se inunde la casa hasta el techo; destruye la ciudad con obras estúpidas e innecesarias -mejor dicho, necesaria para aumentar sus patrimonios personales-; avasalla conquistas que no tienen partido político sino que garantizan derechos, tanto en salud como en educación.

 

¿Y cómo instalan esta política de destrucción, enriquecimiento, corrupción y avasallamiento? Siguiendo paradigmas de últimas dictaduras -se ve que les enseñaron bien-: mediante la represión, mediante la persecución, el apriete velado o evidente, haciendo escuchas telefónicas o mandando una patota, amenazando a directores de hospitales o supervisores docentes o mandando una patota, poniendo rejas en lugares públicos y mandando una patota.

Una patota que antes era la Unidad de Control del Espacio Público (UCEP) y ahora se llama Policía Metropolitana, que vos, que lo votaste, dejaste crecer, porque antes eran unos cuantos patovicas violentos y ahora son cientos y armados.

 

Mirando para otro lado fuiste y sos cómplice de que un empresario destruya impunemente la ciudad que muchos amamos y además use el terrorismo de Estado como herramienta de control, porque lo que pasó ayer en el Borda es eso lisa y llanamente.

 

Pero bueno, como en el famoso poema de Bertolt Brecht, cuando te toque a vos va a ser tarde.

 

Mientras tanto los porteños, de verdad, seguiremos en nuestros trabajos, defendiendo lo que hay que defender y en la calle compartiendo luchas por el bien de todos, vos incluído.

 

Vos quedate en tu casa tranquilo que ya te van a golpear la puerta.

 

Y no me vengas con lo de que no te va lo de “Macri malo Cristina buena” TODO ESTADO ES REPRESOR.

Estoy repitiendo que ayer la Policía Metropolitana del gobierno que votaste o vas a votar actuó como en la dictadura, como fuerza de choque de un negocio que ni siquiera te beneficiará a vos.

Fijate que ayer no les importó balear a un médico, una de las carreras más reconocidas universitariamente, y a un interno de ese hospital, tal vez de los que menos tienen en la ciudad.

 

Viste? Tenían razón: en todo estás vos, porque sos cómplice.

 

 

 

 

 

 

Como aquel famoso poema de Bertolt Brecht los habitantes de la ciudad de Buenos Aires que eligieron, y re eligieron, esta gestión, miran para otro lado porque no les importan los demás.

Claro, ellos no son locos, artistas, vendedores, docentes, simplemente jóvenes, médicos, periodistas o trabajadores, simplemente.

O, tal vez sí lo sean, y entonces el habitante de la Ciudad de Buenos Aires, que votó esta gestión, no se define por lo que hace, sino por lo que no hace y por lo que le deja hacer a la gestión que votó.

Se define por mirar para otro lado mientras su gestión endeuda a la ciudad en millones, que seguiremos pagando cuando no estén; aumenta los impuestos sin que nada mejore y se corte la luz por días o se inunde la casa hasta el techo; destruye la ciudad con obras estúpidas e innecesarias -mejor dicho, necesaria para aumentar sus patrimonios personales-; avasalla conquistas que no tienen partido político sino que garantizan derechos, tanto en salud como en educación.

 

¿Y cómo instalan esta política de destrucción, enriquecimiento, corrupción y avasallamiento? Siguiendo paradigmas de últimas dictaduras -se ve que les enseñaron bien-: mediante la represión, mediante la persecución, el apriete velado o evidente, haciendo escuchas telefónicas o mandando una patota, amenazando a directores de hospitales o supervisores docentes o mandando una patota, poniendo rejas en lugares públicos y mandando una patota.

Una patota que antes era la Unidad de Control del Espacio Público (UCEP) y ahora se llama Policía Metropolitana, que vos, que lo votaste, dejaste crecer, porque antes eran unos cuantos patovicas violentos y ahora son cientos y armados.

 

Mirando para otro lado fuiste y sos cómplice de que un empresario destruya impunemente la ciudad que muchos amamos y además use el terrorismo de Estado como herramienta de control, porque lo que pasó ayer en el Borda es eso lisa y llanamente.

 

Pero bueno, como en el famoso poema de Bertolt Brecht, cuando te toque a vos va a ser tarde.

 

Mientras tanto los porteños, de verdad, seguiremos en nuestros trabajos, defendiendo lo que hay que defender y en la calle compartiendo luchas por el bien de todos, vos incluído.

 

Vos quedate en tu casa tranquilo que ya te van a golpear la puerta.

 

Y no me vengas con lo de que no te va lo de “Macri malo Cristina buena” TODO ESTADO ES REPRESOR.

Estoy repitiendo que ayer la Policía Metropolitana del gobierno que votaste o vas a votar actuó como en la dictadura, como fuerza de choque de un negocio que ni siquiera te beneficiará a vos.

Fijate que ayer no les importó balear a un médico, una de las carreras más reconocidas universitariamente, y a un interno de ese hospital, tal vez de los que menos tienen en la ciudad.

 

Viste? Tenían razón: en todo estás vos, porque sos cómplice.

 

federico mercado

 

 

 

 

 

Como aquel famoso poema de Bertolt Brecht los habitantes de la ciudad de Buenos Aires que eligieron, y re eligieron, esta gestión, miran para otro lado porque no les importan los demás.

Claro, ellos no son locos, artistas, vendedores, docentes, simplemente jóvenes, médicos, periodistas o trabajadores, simplemente.

O, tal vez sí lo sean, y entonces el habitante de la Ciudad de Buenos Aires, que votó esta gestión, no se define por lo que hace, sino por lo que no hace y por lo que le deja hacer a la gestión que votó.

Se define por mirar para otro lado mientras su gestión endeuda a la ciudad en millones, que seguiremos pagando cuando no estén; aumenta los impuestos sin que nada mejore y se corte la luz por días o se inunde la casa hasta el techo; destruye la ciudad con obras estúpidas e innecesarias -mejor dicho, necesaria para aumentar sus patrimonios personales-; avasalla conquistas que no tienen partido político sino que garantizan derechos, tanto en salud como en educación.

 

¿Y cómo instalan esta política de destrucción, enriquecimiento, corrupción y avasallamiento? Siguiendo paradigmas de últimas dictaduras -se ve que les enseñaron bien-: mediante la represión, mediante la persecución, el apriete velado o evidente, haciendo escuchas telefónicas o mandando una patota, amenazando a directores de hospitales o supervisores docentes o mandando una patota, poniendo rejas en lugares públicos y mandando una patota.

Una patota que antes era la Unidad de Control del Espacio Público (UCEP) y ahora se llama Policía Metropolitana, que vos, que lo votaste, dejaste crecer, porque antes eran unos cuantos patovicas violentos y ahora son cientos y armados.

 

Mirando para otro lado fuiste y sos cómplice de que un empresario destruya impunemente la ciudad que muchos amamos y además use el terrorismo de Estado como herramienta de control, porque lo que pasó ayer en el Borda es eso lisa y llanamente.

 

Pero bueno, como en el famoso poema de Bertolt Brecht, cuando te toque a vos va a ser tarde.

 

Mientras tanto los porteños, de verdad, seguiremos en nuestros trabajos, defendiendo lo que hay que defender y en la calle compartiendo luchas por el bien de todos, vos incluído.

 

Vos quedate en tu casa tranquilo que ya te van a golpear la puerta.

 

Y no me vengas con lo de que no te va lo de “Macri malo Cristina buena” TODO ESTADO ES REPRESOR.

Estoy repitiendo que ayer la Policía Metropolitana del gobierno que votaste o vas a votar actuó como en la dictadura, como fuerza de choque de un negocio que ni siquiera te beneficiará a vos.

Fijate que ayer no les importó balear a un médico, una de las carreras más reconocidas universitariamente, y a un interno de ese hospital, tal vez de los que menos tienen en la ciudad.

 

Viste? Tenían razón: en todo estás vos, porque sos cómplice.

 

federico mercado

 

 

 

Después del temporal (II)

... Por suerte y a pesar de todo, la gente, el pueblo, los que tienen mucho, poco o nada, dan una mano en lo que pueden (…) Mientras el pueblo ayude al pueblo, no todo esta perdido. Abrazo viejo, tenemos que aprender mucho todavia.”

Dan una mano en lo que pueden. Y lo que pueden es mucho.

Vaya a saber de dónde nos viene esta enorme capacidad solidaria.

Y vaya a saberse, también, porque sólo aparece ante las tragedias.

Pero está, y es real, viva y activa.

En estos días una marea desinteresada y activa recorrió la ciudad juntando lo que se necesitaba, difundiendo lo que había pasado, ayudando al que tal vez unos días antes ni veían al cruzarlo, encontrándose en los lugares más inesperados, solamente para ayudar al que lo necesita.

Los relatos también son implacables.

Niños salvados de las aguas oscuras de la madrugada. Vecinos ayudándose en la emergencia. Manos que limpian lo común y lo propio. Gente que se desprende de lo que tiene para dárselo al que ahora no tiene y necesita.

Y los que tenían la responsabilidad de aparecer, no aparecieron, o aparecieron tarde y mal, siguiendo su lógica de maquillaje festivo, globos y obras inútiles que huelen a negociado podrido.

Por donde hace unos días corría la furia del agua ahora corre una marea de gente que da lo que tiene, ropa o mano y de otra que las busca y las encuentra.

En medio de esa corriente un imbecil se ahoga mientras grita por su celular “¡tenés que venir! ¡lo importante es la presencia política!” Otra les grita a los que vienen chorreando necesidad y pone a uno de sus compañeros como patovica en la puerta, hace uso de su poder, mezquino y cobarde.

Ellos se ahogan en la corriente de la necesidad ajena.

Nosotros decidimos aprender a navegar en la marea de la solidaridad.

Así es, compañero, tenemos que aprender mucho todavía, y va siendo hora que lo hagamos.

Después del temporal

Implacable, llega el agua. Y arrasa, destruye, devora.

La luz del día muestra lo que quedó, lo que ha sido escupido, vomitado, por el agua que arrasa, lo que hasta hace poco era bien, útil, desde el confort a la necesidad, ahora es basura.

Lo que antes era útil ahora es basura amontonada en las esquinas.

Pero cuando baja el agua deja, también, otro tendal, igual de sucio, igual de inútil que el colchón mojado, exactamente igual a la basura acumulada en las esquinas de varios barrios de esta ciudad.

El temporal puso en evidencia, otra vez, lo frágil que es la vida en la ciudad, lo desprotegidos que están sus habitantes, y sobre todo lo engañados que vivimos pensando que esa entelequia llamada Estado hace lo que supuestamente debería hacer.

Un empresario como gobernante es la peor tragedia que le puede suceder a una ciudad, su tarea es hacer negocios, no gobernar.

La consecuencia de esos negociados, que han consistido simplemente en Hacer obras inútiles para la ciudad, vendiéndonos que eran necesarias -metrobus, bicisendas, enrejados de plazas, vaciamientos varios- y NO Hacer lo que evidentemente era necesario, lo que la ciudad necesitaba para que los fenómenos naturales no se conviertan en catástrofes, en tragedias, decía, las consecuencias de esos negociados están a la vista, como la basura en las esquinas.

Un empresario sólo piensa en hacer negocios.

Un empresario que gobierna sólo piensa en hacer negocios.

En toda la basura que dejó el temporal y las inundaciones, empresario gobernante, estás vos.

Se perdieron muchos bienes materiales con el agua implacable que arrasa.

Más se perdió al entregarle a un empresario el gobierno de la ciudad

En el vómito de la inundación estás vos.

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Algunas cuestiones sobre Participación -tercera parte- (final)

Participar

            Anteriormente –en la primera parte de este escrito- señalamos que la necesidad de adjetivar la idea de participación (como real o falsa, y las que pudieran surgir) daba cuenta, por lo menos, de un problema, que tenía su nacimiento en una confusión. Tal adjetivación evidencia que existe algo que es participación y otra cosa que se denomina de esa forma pero que es distinta y hasta podría llegar a ser opuesta.

 

            Vamos a comenzar afirmando que, del mismo modo que en lo referido sobre la asamblea, participar es una práctica, un hacer. Pero ¿hacer qué?

            Las definiciones de participar la relacionan con la palabra parte, y establecen una acción sobre esa parte: participar es tener parte, tomar parte.

            ¿Qué entendemos, entonces, por participación en sentido político? ¿Tomar, tener, parte de/en, qué? (Antes de seguir: fácil es relacionar este participar en qué con una definición, de hecho, de política en la cual ésta sólo se trata de negociados y de acomodamientos personales. Esta noción de política tiene dos aspectos fundamentales: por un lado la afirmación de que la política es algo sucio, noción derivada de la tarea cultural ejercida por la última dictadura que vivió nuestro país; por otro, la evidencia de los enriquecimientos que la gran mayoría de los “políticos” de profesión lograron en la década de los ’90 -y siguen logrando-. No está demás aclarar que no consideraremos a esto política, sino, por lo menos, mezquindad u oportunismo)

 

            Siguiendo el desarrollo que venimos exponiendo, aparecen unos principios que posibilitarían que la participación suceda, a saber:

  • quienes son afectados por circunstancias o problemáticas particulares son capaces de decir algo sobre el hecho en cuestión
  • a la vez, lo que cada quien aporte tiene que sumarse, necesariamente, a lo que digan otros, también afectados por la circunstancia común
  • esta suma de aportes debe darse en un espacio común de encuentro y discusión

            Si estos principios, en tanto tales, dan comienzo a alguna práctica, ésta será la del encuentro y la discusión, a partir de los cuales existirá la posibilidad de generar proposiciones a modo de respuesta ante las circunstancias que fueren.

            En este punto aparece lo que vamos a considerar clave en la participación.

 

            Esas proposiciones, construidas colectivamente –mediante el encuentro, la discusión y el consenso- y planteadas como respuestas a problemáticas particulares, producen decisiones

            Toda decisión implica un corte con lo anterior -su etimología habla de separar cortando-. Cuando esa separación es decidida en conjunto cada uno aporta lo propio y a la vez tiene parte en la decisión, y es responsable por ella.

            La participación está relacionada directamente con la posibilidad de producir decisiones.

            Por lo tanto donde no hay posibilidad de decidir, no hay participación posible, ya que no hay diferentes formas de participación –en el sentido político que referimos-. Ésta reclama el encuentro, la discusión, el consenso y la puesta en práctica de lo acordado.

            Estas cuatro instancias, que se verifican en la práctica asamblearia, devienen una capacidad fundamental: la de decidir sobre aquellos asuntos que nos afectan.

            Participar, entonces, es la posibilidad de tener parte en la decisión de asuntos que nos involucran o afectan.

 

Pertenecer

            ¿Qué es lo que impide la participación? Tal vez, teniendo en cuenta nuestro contexto, sería mejor preguntar qué es lo que conspira contra ella.

            Obviamente no existe una sola condición que coarte la posibilidad de participación, sino varias. Pero podría decirse que existen algunas situaciones principales de las cuales derivan otras.

            Una de las principales es la idea de re-presentación y, de la mano de ésta, la idea de pertenencia.

 

            Casi como en un juego de espejos, existe otra palabra relacionada con parte: pertenecer. Pero en un sentido, muy, distinto ya que pertenecer implica formar parte. Contiene también la idea de “extenderse hasta”, es decir que la noción de pertenecer delimita una frontera, define un adentro y un afuera, cierra una identidad, establece un Uno, donde los sujetos forman parte, lo que no implica necesariamente que tomen parte, sino que por su posición en la extensión delimitada consolidan el límite, la frontera, la extensión de ese Uno absoluto. Y, por último, define como objeto, convierte en objeto, a la persona, al sujeto.

            Y esa delimitación contempla como reverso necesario la exclusión de todo aquello que no forma parte del Uno. Establece lo que está fuera como opuesto, como contrario, como enemigo.

 

            De estos dos aspectos, delimitación y exclusión, se alimenta y sostiene toda institución y toda institucionalización.

            Para toda Institución la persona es un objeto que delimita sus fronteras. Esto es comprobable en cada modo de acción de todo Estado-nación (que tal vez sea la Institución paradigmática de nuestra época de la lógica de representación e institucionalización).

            Pero también para la persona la pertenencia a la institución permite una garantía, que puede nombrarse como seguridad o comodidad, ya que en tanto objeto de la institución[1] no es necesaria su acción, su participación activa.

            Parafraseando una vieja publicidad corporativista: “pertenecer tiene sus privilegios”, podría decirse: el privilegio de pertenecer es no participar; el privilegio de pertenecer es ser parte-objeto, no tomar parte-ser sujeto.

            Pertenecer implica quietud, inmovilidad, en tanto considera a la persona un objeto, cuya función es la de delimitar, y sostener, a través de su propia quietud, el cuerpo de la institución, al mismo tiempo que la legitima por su extensión.

            El primer antídoto contra la participación es la necesidad, generada y fomentada culturalmente, de pertenecer a alguna institución.

 

            Sin embargo podría suceder que una, o varias, situaciones provoquen movimiento, activen la inquietud, de quienes pertenecen a cualquier institución, y que éstos, movilizados, comenzaran a accionar promoviendo participación, para sí y para otros.

            En este caso sería necesario un segundo antídoto.

            Que no sólo existe sino que está ampliamente expandido en cada rincón de la sociedad, en cada ámbito de la vida de toda persona.

 

Delegar-representar

            La cómoda garantía y tranquilidad del pertenecer se circunscribe, de alguna manera, al plano individual. Conforma, y ratifica, un aspecto del individualismo contemporáneo.

            Sin embargo cuando alguna situación provoca la intención de salida de ese individualismo, comienzan a operar mecanismos más complejos y, tal vez por ello más, efectivos.

            Si una comunidad ante un/os hechos que la afectan hace efectiva, para sí y para todos, la participación, invariablemente encontrará en algún momento de su movimiento, manifestándose de diversos modos, una traba.

            Esa traba es el par delegar-representar.

 

            La cultura política contemporánea reinante impone y exige la re-presentación, es decir, la existencia de alguien en quien confluyan, de alguna forma válida para sí y para el Poder, la decisión de otros. La expresión máxima de esto es el sistema democrático, formal, en sí mismo.

            Para que este sistema funcione, y esté garantizada su reproducción y continuidad, es necesario que muchos deleguen en el re-presentante su capacidad de decidir. No es de la incumbencia de este trabajo profundizar el análisis de esos mecanismos (sobre el cual distintos autores han escrito mucho y muy bien) pero sí mencionar que estos mecanismos forman una cultura, y que ésta se instala profunda y sutilmente en todos nosotros, naturalizándose, y que participación y delegación son opuestos irreconciliables[2]. Una produce decisiones y otra reproducción sistémica (cabe señalar que el problema no es sólo que en determinado momento de la participación aparezca la traba de la re-presentación, sino también que quienes están generando participación suscriban y esperen la delegación o terminen promoviéndola, anhelen ser representantes).

 

Incógnita desafiante

            Las situaciones que han disparado estas cuestiones sobre Participación, y todas aquellas con las que éstas tienen puntos en común, evidencian que a pesar de las condiciones de reproducción de un sistema conservador y reaccionario, según conveniencias absolutamente ajenas a todos nosotros, la posibilidad de que surjan iniciativas políticas de interrupción de tales continuidades es real y potente y está en movimiento.

            La cuestión principal es que esa posibilidad encarna un desafío y una incógnita al mismo tiempo:

            El desafío aparece como la posibilidad de profundizar al máximo las instancias que partan de las voces de los afectados por alguna situación para llegar a acciones que se sostengan en nuevas proposiciones políticas. Porque el desafío implica, además de la particularidad específica del conflicto y su probable solución, la puesta en acción de un modo de pensar y hacer política que no esté supeditado a mezquindades sectarias ni a lógicas institucionales reproductoras de aquello que dicen estar combatiendo.

            Detrás de ese desafío aparece la, casi obvia, incógnita ¿seremos capaces de hacerlo?

            Claramente no será fácil, no sólo por los distintos mecanismos que circulan en la sociedad para coartar, oscurecer, aplastar o ignorar, las novedades políticas que puedan aparecer, sino también porque muchas veces esos mecanismos los tenemos incorporados en nosotros mismos.

            Tampoco será fácil ya que nos reclamará esfuerzo y el emprendimiento de tareas para las cuales no sólo no nos habremos preparado, formalmente por decirlo de algún modo, sino que tampoco hubiéramos imaginado tener la necesidad de abordar.

 

            El desafío abre una incógnita, y la incógnita se vuelve desafiante.

            Con todo, y a pesar de la oscuridad del presente, se han abierto algunos resquicios y deberemos aprender qué hacer en ellos. En muchos espacios se ha evidenciado que la participación, como la hemos pensado en estos escritos, es una herramienta potente de transformación y acción política, aunque falte mucho por hacer.

 

            Es la intención de estas cuestiones ser un aporte, disparador, para que ese hacer sea efectivo y potente en nuestra realidad.

 

federico mercado

25 de diciembre de 2011



[1] Es importante advertir que al hablar de Institución no nos referimos solamente a cualquier institución formal -escuela, empresa, sindicato, estado, etc.- sino también a un modo del vínculo que cualquier grupo de personas puede establecer entre sí. Es decir un grupo de maestros que conforman una “asamblea” también pueden institucionalizarse, como de hecho ocurre.

[2] En alguna de las interesantes discusiones que mantuvimos durante los períodos que refieren estos textos, un compañero docente luego de describir ciertas situaciones realiza una fuerte síntesis “la mayoría de los docentes no quiere participar, quiere ser bien representado”.

A propósito del pasado

No nos es posible desligarnos del pasado, materia prima de nuestro presente.

Algunos pueden jugar al olvido. Pretender ignorarlo.

Quienes asumen esta posibilidad caen, invariablemente, en la estúpida certeza de creer que el presente es una isla a la deriva sobre la nada. Abjuran de sus padres y ni recuerdan tener abuelos.

 

Otros consumen la parafernalia del consumo. Y ni sospechan que lo que hay, y también lo que no hay, están por lo que ha sido.

 

Han nacido sin detrás, sin raíz.

 

Otros buscan en él algunas respuestas. Las más de las veces, las encuentran.

De allí cierta ligazón para con todo aquello que nos lo remita de alguna forma: libro, historia, objeto, recuerdo, leyenda.

Memoria, que le dicen.

 

Pero el pasado entraña una casi paradójica e inevitable situación: es siempre reconstrucción, algo tendenciosa, digamos subjetiva.

El pasado pasa a ser lo que cada uno ve, o quiere ver, elige ver, de lo que pasó. La confirmación, o no, de lo que uno cree.

Podría desentrañarse la paradoja pensando que en esas reconstrucciones está lo más rico de la inevitable situación.

Podría pensarse que hay que juntar todo lo que cada uno reconstruye y ver qué se hace con lo que la suma de visiones nos da (y también, a que negarlo, es posible pensar que esto es imposible)

 

Tal vez sea que es posible pensar algunas ideas del hoy a través de los hechos del ayer. O que, por lo menos, éste es un modo de relación con el pasado.

Y entonces ¿no será que no se trata del pasado, sino de ideas? Relacionarlas con el pasado parece más una cuestión de estilo.

 

De algún modo la única forma de construir en el presente –construir y no reproducir las viejas prácticas que nos lo dejaron tal cómo está- es pensar el pasado, sí, pero negarle la cualidad de fundamento del presente, de principio explicador del hoy.

 

Pensar el pasado es, solamente, hacer uso de éste como medio para pensar. Lo importante, entonces, es pensar, extraer ideas de lo que pasó para hacer que nuevas cosas pasen hoy. Pensar el pasado es pensar más allá de éste, trascenderlo con ideas que surgen de la acción de pensarlo, pero no quedan encarceladas en él

 

El problema de la reconstrucción, del pasado, no es la subjetividad, sino la tergiversación.

Nadie está a salvo, por más buenas intenciones que tenga, de caer en reconstrucciones tergiversadoras. Como nadie está a salvo de reproducir en lugar de construir.

Dispositivo-opinión

Opinión. (Del lat. opinĭo, -ōnis). 1. f. Dictamen o juicio que se forma de algo cuestionable.

Dispositivo, va. (Del lat. disposĭtus, dispuesto). 1. adj. Que dispone. 2. m. Mecanismo o artificio dispuesto para producir una acción prevista. 3. m. Organización para acometer una acción.

Opinión

Sucede un hecho. Nos enteramos. Lo contextualizamos con otros hechos, más o menos relacionados. Los pensamos uniéndolos como un todo. Y elaboramos un juicio sobre lo sucedido. Emitimos opinión. Ésta, invariablemente, es subjetiva. Y en ello radica su particularidad y su potencia. Porque un hecho podrá relacionarse con tantos otros como experiencias y sucesos haya atravesado quien va a opinar, y al mismo tiempo esa combinación podrá ser distinta cada vez. La opinión, en tanto subjetiva y múltiple, se valida a sí misma. Según lo que se acaba de exponer, la opinión funciona como un comentario sobre el hecho, un agregado que busca ampliar lo que al hecho en cuestión refiere, de forma tal que permita comprenderlo más profundamente, pero a partir de una proposición activa, es decir, a una especie de invitación a pensar en profundidad el hecho en cuestión. La opinión puede ser un comentario que potencie el pensamiento amplio y crítico sobre alguna cuestión. Como proposición abierta espera, de alguna manera, otras opiniones, a la vez que las fomenta. Y tal vez lo más trascendente de la aparición de una opinión es que bajo ésta subyace una idea y a su vez ésta produce pensamiento.

Dispositivo

Sin embargo en la actualidad la opinión fue convirtiéndose en parte de un dispositivo, extendido en forma masiva. Este dispositivo despliega los diferentes elementos del hecho en cuestión de modo tal de producir un efecto previsto: totaliza algunos aspectos, esconde u omite otros y concluye realizando una afirmación absoluta y categórica. Vamos a llamar a esto dispositivo-opinión. En la dinámica de este dispositivo se genera una situación particular: la afirmación absoluta y categórica parte de sí misma para volver a sí misma, es su propia antecesora. Por lo tanto intenta afirmar una verdad mediante una acción de distracción, que sería el aparente razonamiento que quien efectúa el dispositivo-opinión realiza para dar su “opinión”. Ese juicio pre existe a la “opinión”. Pensado al revés, si alguien emite un juicio, liso y llano, puede quedar invalidado ante otros en tanto subjetivo, por lo tanto se vuelve imperioso, para quien intenta imponer su juicio, evitar la invalidación, el dispositivo que estamos definiendo hace aparecer algo que aparenta un argumento que sostiene el juicio, por lo tanto éste se valida. Sin embargo el argumento suele ser el juicio transfigurado como argumento, por lo tanto no hay secuencia lógica que sostenga el dispositivo-opinión[1] , es un juicio, simple, que pretende validarse en un pensamiento que no contiene.

Opinión ciudadana e imaginario falaz

La extensión de este dispositivo sucede sobre todo en un espectro social que gusta de autoproclamarse “ciudadanía”. Esa categoría, la de “ciudadano/a”, en realidad es impuesta y forma parte de uno de los tantos dispositivos de Poder. La persona que se autodenomina “ciudadano” habla desde un lugar exterior a los hechos, pero superior, y pretende neutralidad, es decir, al emitir juicios categóricos y arbitrarios camuflados de opiniones, como ciudadano está dejando de lado, en su imaginario, aquellas funciones que lo atraviesan como individuo en la sociedad. Quien enjuicia como ciudadano pretende neutralidad al hacer desaparecer su género, edad, oficio, clase social, ideología, etc. Esos juicios, estructurados en el dispositivo descripto, utilizan un elemento primordial para su funcionamiento: la proyección de los mismos sobre una sociedad perfecta. Si se reúnen distintas enunciaciones sobre distintos temas, emitidas como opiniones y estructuradas en el dispositivo descripto, se encuentran dos factores comunes, que se alimentan mutuamente: uno es la indignación ante algún hecho y el otro es la sorpresa ante el mismo. Estos dos factores muestran que quien “opina” desde allí no considera a las condiciones de aparición[2]  de esos hechos las necesarias para esa aparición . Opera una contradicción básica y sin embargo casi invisible, al afirmar que algo sucede pero que no es posible que suceda, aunque sea comprobable efectivamente, se erige un imaginario falaz que oculta la realidad de la coyuntura que produce lo que produce. No es menor en esta construcción imaginaria la construcción cultural que producen los adelantos tecnológicos y el acceso a ellos de cierto sector de la sociedad[3].

Dispositivo- Opinión

Como mencionamos, el dispositivo-opinión esconde un juicio que pretende imponerse camuflado de pensamiento. Ese juicio se construye sobre un supuesto arbitrario y falaz. La importancia de desarticular el dispositivo consiste en desentrañar, y dejar expuesto, el supuesto que lo sostiene para discutirlo en toda su arbitrariedad. Pero también en intentar generar pensamiento allí donde las condiciones culturales impuestas por el Poder no sólo no lo permiten sino que instalan en el espacio del pensamiento elementos que lo suplantan, obturando toda posibilidad de desarmar los entramados que nos aprisionan.

[1] Este procedimiento es típico en los discursos racistas y/o xenófobos: “lo que pasa es que son de la villa, no quieren salir de la villa, porque son villeros de alma” el ser de la villa es el juicio que intenta sostenerse en la comprobación, que supuestamente conoce quien emite el juicio, de que no quieren salir de ese modo de vida porque es más cómodo, y al mismo tiempo el aparente razonamiento en que habría un “alma de villa” un ser ontológico villero (que no habría que confundir con la identidad barrial, que entraría en otro terreno). Sin embargo el “alma del villero” la tiene el que es “villero”, es decir el juicio parte de sí mismo para volver a sí mismo.

[2] Podría sintetizarse esta situación en la frase “cómo puede ser qué suceda tal cosa” , esta frase afirma que eso que sucede no debería suceder porque las condiciones existentes no lo permitirían, cuando en realidad si suceden es, justamente, porque no sólo es posible que suceda sino que es más habitual que lo supuesto. Se esconde detrás de esa frase un imaginario que establece cierta funcionalidad buena de la sociedad que lo contiene. Cabe mencionar el recurso opuesto que entra en otra categorización. Este recurso se sintetiza en la frase “ahora cualquier hace tal cosa”. Montada en la afirmación de la degradación social sostiene proposiciones reaccionarias y represivas. Pero esto excede el tema de este escrito, aunque son dos caras de la misma concepción social.

[3] Otra vez podríamos sintetizar en una frase “cómo si yo tengo este teléfono celular, con acceso a internet, en este automóvil con gps, no puedo acceder a tal lado por este corte de calle”

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