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MANIFIESTA

Después del temporal (II)

... Por suerte y a pesar de todo, la gente, el pueblo, los que tienen mucho, poco o nada, dan una mano en lo que pueden (…) Mientras el pueblo ayude al pueblo, no todo esta perdido. Abrazo viejo, tenemos que aprender mucho todavia.”

Dan una mano en lo que pueden. Y lo que pueden es mucho.

Vaya a saber de dónde nos viene esta enorme capacidad solidaria.

Y vaya a saberse, también, porque sólo aparece ante las tragedias.

Pero está, y es real, viva y activa.

En estos días una marea desinteresada y activa recorrió la ciudad juntando lo que se necesitaba, difundiendo lo que había pasado, ayudando al que tal vez unos días antes ni veían al cruzarlo, encontrándose en los lugares más inesperados, solamente para ayudar al que lo necesita.

Los relatos también son implacables.

Niños salvados de las aguas oscuras de la madrugada. Vecinos ayudándose en la emergencia. Manos que limpian lo común y lo propio. Gente que se desprende de lo que tiene para dárselo al que ahora no tiene y necesita.

Y los que tenían la responsabilidad de aparecer, no aparecieron, o aparecieron tarde y mal, siguiendo su lógica de maquillaje festivo, globos y obras inútiles que huelen a negociado podrido.

Por donde hace unos días corría la furia del agua ahora corre una marea de gente que da lo que tiene, ropa o mano y de otra que las busca y las encuentra.

En medio de esa corriente un imbecil se ahoga mientras grita por su celular “¡tenés que venir! ¡lo importante es la presencia política!” Otra les grita a los que vienen chorreando necesidad y pone a uno de sus compañeros como patovica en la puerta, hace uso de su poder, mezquino y cobarde.

Ellos se ahogan en la corriente de la necesidad ajena.

Nosotros decidimos aprender a navegar en la marea de la solidaridad.

Así es, compañero, tenemos que aprender mucho todavía, y va siendo hora que lo hagamos.

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