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Pobre ministra

Pobre ministra

 

La ministra de educación de la ciudad de buenos aires, y los de su clase, condenan desde hace años, décadas o más, a miles de personas de este país a la pobreza. No es de extrañar entonces que muchxs maestrxs vengamos de eso que llama “pobreza”, si somos la mayoría ¿Se imaginan un niño rico como mauricio siendo maestro? ¿Una señora bien, como ella misma, siendo maestra? Difícil. Raro.

 

Y vuelvo sobre lo mismo ¿Tiene sentido agrupar algunas palabras en contra de las barbaridades que cada tanto se les “escapan” a los representantes de la clase de la pobre ministra? ¿Tiene sentido intentar desentrañar el artilugio que implican esos dichos, expresados de ese modo y en el contexto en que se presentaron? ¿Tiene sentido que un pobre maestro diga algo?

 

Digamos que no me sobra un mango, gracias a la ministra y los de su clase, y si seguimos así nunca me sobrará. Alquilo, tengo más deudas que certezas de cómo pagarlas, apenas si me sobra guita a fin de mes para algún gasto extra, pero ¿La pobre ministra habrá nacido a la poesía por un libro de Miguel Hernández que estaba en el estante de la mesa del televisor en el departamento de mi abuela en Lugano, donde habíamos tenido que ir a vivir con mi vieja y mi viejo y mis hermanas y hermanos, porque ya no podían pagar el alquiler de la casa de Flores porque en la fábrica había poco laburo y el camión de mi viejo estaba casi parado? ¿O se habrá fascinado y conmovido escuchando esas guitarras épicas del boom del folklore en el pasa-cassettes del camión, con su padre cantando esas canciones que, probablemente, le trajeran algún recuerdo de su provincia de la que había venido debajo de la pollera de su hermana mayor, como él decía, porque allá, probablemente, fuera poco posible el trabajo, la vida, como le pasó a tantxs argentinxs, a tanto cabecita negra, como los de la clase de la pobre ministra llamaron a la inmigración interna que provocó las políticas que ya conocemos?

Mi vieja me heredó la sensibilidad y el amor por la poesía, por la lectura, mi viejo la cultura del trabajo y el amor por la música y las guitarras. Tuve una abuela enfermera, un abuelo obrero hasta que la fábrica cerró y entonces laburó en la Municipalidad. Una abuela que se crío y laburó en el campo y, como tantos, tengo una rama de mi familia inmigrante que vinieron a América no justamente porque les sobrara la guita...

Y no me sobra la guita, igual que a mi abuela en un pueblito en Catamarca y a mis bisabuelxs o tatarabuelxs que vinieron de Italia o España, igual que a mi viejo que se murió a mediados de los 90 traicionado en su peronismo por el menemismo (sigo pensando que la reelección del funcionario eterno lo termino de matar, su tristeza fue inmensa) con todo me alcanza más que a las familias de las escuelas de mi distrito, golpeadas económicamente muchísimo gracias a los gobiernos de la clase de la pobre ministra.

Me críe en Lugano y, curiosamente mi tarea docente quedó arraigada por allí y esas chicas y chicos, esas familias a pesar de no tener un mango me enseñaron y enseñan como seguro la pobre ministra no puede imaginar.

No me sobra un mango nunca, pero pobreza es la suya, ministra.

No soy joven, porque además de mis años, laburando desde adolescente, cargo, orgullosamente la historia de mi viejo, de mi vieja, de mis abuelos y abuelas.

No soy de izquierda, sé a qué clase pertenezco y cuáles son nuestra luchas.

 

Pobre ministra que no puede entender las diferencias.

 

(Las entiende, no nos confundamos, el discurso es un artilugio, pero de eso hablamos en otro momento)

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